Marina Rivas: “Juego al fútbol porque se lo debo a mi padre”

La centrocampista del Madrid CFF repasa con Liga F su trayectoria hasta llegar a la élite, donde su familia, especialmente su padre, ha sido un pilar fundamental. Campeona del mundo Sub17 y de Europa Sub19 con España, en abril de 2024 se rompió el cruzado. Una lesión de la que ha vuelto más fuerte.

18 MAR 2026

“Mi padre me apuntó con cinco años al club que se había inaugurado al lado de casa. El primer día era un poco complicado porque al final, era un equipo de chicos, y yo era una niña. Me gustaba el fútbol, pero el primer día salí llorando. A raíz de ahí, todo fue muy bonito”, empieza Marina Rivas (Jerez de la Frontera, 2 de julio de 2005) en una entrevista a Liga F. Su trayectoria arrancó en la UD La Jerezana, y después pasó por el Pueblo Nuevo y en el Xerez. “Cuando eres pequeña solo te dedicas a jugar al fútbol, que es lo que te gusta, y por lo que te levantas cada día”, continúa la centrocampista, que empezó a destacar en la selección gaditana, la andaluza y la española, proclamándose campeona de Andalucía, y posteriormente campeona de España. En ese torneo, y pese a ser la más pequeña, sus compañeras decidieron que ella fuera la capitana del equipo. 

Un campeonato en el que la gaditana no pudo disputar la final. “En las semis contra Cataluña me rompí. Me dolió no haber jugado la final, pero me fui súper satisfecha”, responde orgullosa. Una selección andaluza en la que también estaban Andrea Medina y Ornella Vignola. La pasión de Marina Rivas por el fútbol viene por su padre. “Es su sueño frustrado. Por él empecé a jugar. Me ha ido a ver a todos los partidos que ha podido, a todos los entrenamientos, y se lo debo a él por todo el esfuerzo que ha hecho”, explica la centrocampista, que llamó la atención del Betis, que la incorporó a sus filas. Y, precisamente, fue su padre el que la llevaba todos los días a los entrenamientos con el conjunto verdiblanco, haciéndose una hora de viaje de ida, y otra de vuelta. “Mi padre llegaba de trabajar, y no tenía apenas tiempo para comer, y fue duro, pero mereció la pena”, afirma.


En esos trayectos en coche también iba su abuelo, que, como el resto de su familia, no se quería perder la trayectoria de su nieta. “Estoy ahora mismo aquí por el esfuerzo de mi familia. Todos han puesto de su parte para que yo no me saltara ningún entreno”, confiesa Marina Rivas, que en el verano de 2022, y con apenas 17 años, decidió hacer las maletas, salir de su zona de confort, y fichar por el Madrid CFF para jugar en el filial del equipo madrileño. “Es una de las canteras más grandes que hay. Lo que lo hace especial son las oportunidades que dan. Hay muchas que hemos venido desde abajo, y ahora estoy jugando en el primer equipo”, destaca. Precisamente, apenas unos meses después, y tras proclamarse subcampeona de Europa Sub17, se convirtió en campeona del mundo Sub17 con la Selección española en la India. El mejor momento de su carrera futbolística.

“Sabíamos que íbamos a ir al Mundial a ganarlo. Nos enfrentamos a Alemania, que nos ganó el Europeo, les ganamos, y vencimos a Colombia en la final. Fue un momento súper especial, que llevo dentro siempre”, afirma la centrocampista, que al verano siguiente se proclamó campeona de Europa Sub19. “Yo soy de las más pequeñas, pero es igual de especial. Hay que vivirlo siempre, sin importar el rol que te toque”, expresa. Un año después, y cuando estaba ganando minutos en Liga F, llegó el momento más duro de su vida. El 14 de abril de 2024 se rompió el ligamento cruzado. “Esas lesiones vienen cuando mejor te encuentras. Para mí los momentos más complicados fueron al principio. Me tuve que ir a casa, y como tenía roto el menisco estuve un mes sin apoyar y dependía todo el rato de alguien”, confiesa la gaditana, que pasó de tocar el cielo a estar un año sin poder jugar. 

Pese a la lesión, Marina tuvo muy claro que quería convertirse en una futbolista mejor. “La parte mental es la más importante en la recuperación porque depende de cómo te lo tomes. Afronté la lesión como un aprendizaje y así ha sido”, expone. El 25 de abril de 2025 reapareció en la derrota ante el Real Madrid CF (7-3) en el Di Stéfano. “Fue muy emocionante. Perdimos, pero salí con muy buenas sensaciones y mi rodilla no me molestó en absoluto. Después de un año entero merece la pena”, recuerda la futbolista, que esta temporada ya suma 740 minutos en dieciocho partidos de Liga F Moeve, y cada vez va ganando más protagonismo en el Madrid CFF. “Es un año de aprendizaje tanto individual como colectivo. Hay muchas situaciones que nos han pasado este año, pero las estamos afrontando de la mejor manera posible. Queremos estar entre los cinco equipos de arriba”, afirma.


A pesar de su juventud, ya lleva varias temporadas en Liga F Moeve, donde destaca el continuo crecimiento de la competición. “Hay mucha más visibilidad. Cada vez hay más niñas que quieren jugar al fútbol desde pequeñas. Ves los estadios que cada vez viene más gente, y eso te da una motivación extra por las que lo han hecho posible. Nosotras seguimos intentando que tengan las máximas oportunidades posibles y los mejores recursos”, expone. Precisamente, Marina se ha convertido en un ejemplo para el resto de chicas de la cantera. “Para las niñas somos referentes todas las que jugamos en Liga F. Ellas tienen el mismo sueño que tuvimos nosotras. Les digo que no dejen de trabajar, que cada vez el fútbol femenino va a mejor, y va a mejorar mucho más, que no se rindan y que luchen por sus sueños”, aconseja la centrocampista, que siempre ha compaginado el fútbol con los estudios.

“Cuando estuve en el Betis era complicado, pero tuve claro que no tenía que dejarlo. El fútbol es un trabajo muy corto. Estuve haciendo el grado superior de Técnico en Enseñanza y Animación Sociodeportiva (TSEAS) de forma presencial, pero me he dado cuenta de que no he podido, y lo estoy haciendo online, pero no lo he dejado”, explica la futbolista, que no duda en echar la vista atrás para valorar todo lo que ha conseguido y hasta donde ha llegado. “Me hace mucha ilusión salir en los cromos de PANINI porque cuando era pequeña le decía a mi abuela que me comprara cromos para rellenar el álbum. Es el primer año que salimos todas las del equipo, y me hace mucha ilusión que alguien me mande una foto con mi cromo”, responde con la misma sonrisa de esa niña de cinco años que empezó a jugar al fútbol por su padre, y que ahora solo sueña con “disfrutar del presente”.