De chutar todas las faltas a pararlas. La historia de María Miralles (Castellón, 28 de mayo de 1997) arranca cuando su madre le llevaba en el carrito a ver jugar a su hermano. En la pared de la casa de su padre tuvo sus primeros entrenamientos y en la puerta de la iglesia de su pueblo disputó sus primeros partidos. Todo cambió con 17 años, cuando la falta de porteras en el Villarreal hizo que se pusiera por primera vez bajo los palos. Con el Deportivo Abanca ascendió a Primera, y la psicología deportiva se convirtió en su salvavidas. En el Oviedo recuperó la confianza para después, volver a la élite con el Eibar. Con el conjunto armero se ha convertido en una de las mejores porteras de Liga F. El domingo toca el FC Barcelona en Ipurua, y, aunque aún le quedan muchos años de fútbol, lo tiene claro: “mi último año volveré a ser jugadora”.
¿Cómo empiezas a jugar al fútbol?
Tengo un hermano seis años mayor que yo y mi madre me llevaba en el carrito para que yo viera cómo entrenaba. Cuando empecé a andar quería imitarlo. Luego jugué con el equipo de mi hermano y al final, dijeron “uy esta chica parece que tiene algo” y ya empecé a jugar con los chicos hasta hoy. El alumno superó al maestro. Mi hermano dejó el fútbol y me quedé yo.
¿Tenías algún referente?
Igual sorprende, pero yo era muy de Iniesta porque empecé como jugadora. A los porteros no los hacía mucho caso.
Eso te iba a preguntar, que hasta los 17 años jugaste como centrocampista.
No me gustaba ponerme delante del balón, me gustaba meter goles, celebrarlos…veía a mi hermano y quería hacer lo mismo. Empecé como mediocentro porque cuando eres pequeña vas probando. Chutaba todas las faltas...era muy divertido.
Ahora destacas por el desplazamiento en largo, ¿te viene de ser mediocentro?
Sí. Cuando era pequeña ya chutaba super fuerte. Veía a mis compañeros los chicos y me decían: “pero cómo lo haces" y yo “no sé, sin querer”. En casa de mi padre me dedicaba a pegarle balonazos a una pared. También me gustaba jugar mucho en la calle. Me recogía mi abuelo del colegio y estaba jugando con los niños con la puerta de la iglesia como una portería y me decía “venga vamos a comer” y yo “cinco minutos más” y me podía tirar ahí toda la tarde. Cuando llegabas a los sitios todo el mundo te miraba como “uy una chica no”, y cuando empezabas a jugar te elegían la primera.
¿Cuándo te ponen de portera por primera vez?
En el Villarreal. Cuando empecé no había tantas chicas como ahora y se lesionó la portera. Estaba en el B y no es que parara, pero no me apartaba del balón. Me vieron algo y dijeron prueba y cuando se recupere la portera vuelves a tu sitio. Empecé a estar más en la portería y me quedé ahí. Subí al primer equipo cuando era Segunda División y llevaba el 13. Me ponían media parte de portera y media parte de jugadora. La gente se me quedaba mirando como es la misma persona o tiene una hermana gemela.
¿Te fijabas en alguna portera?
Que va, que va. Inercia. Salvar la cara y poner las manos un poco y a partir de ahí fue fluyendo. Toda mi vida ha sido como fluir y han ido saliendo las cosas. Obviamente, luego trabajar más porque no es lo mismo empezar como portera y tener una base que con 17 años te pongan ahí y tener que apañarte.
Es fútbol ficción, pero como portera has llegado a Primera División, ¿como mediocentro hubieras llegado?
Pues no lo sé. Es una espinita que tengo. Siempre he dicho que cuando me quiera retirar del fútbol, mi último año volveré a ser jugadora. No sé dónde ni que equipo me querrá de jugadora, pero, aunque sea en el del barrio me da igual, pero me apetece mucho. Es un pensamiento que tuve cuando empecé de portera porque al principio no es que no me gustara, pero meter goles, celebrarlos, estar con el equipo...y al final la portería es muy solitaria.
Después firmas por el Deportivo con el que asciendes a Primera División, pero en la máxima categoría coincides con Misa y Sullastres y no llegas a debutar.
Escucho esos nombres y parece surrealista, pero sí, yo fui al Dépor porque estaba estudiando en la universidad y cogí una beca Séneca para irme fuera. Como estaba estudiando Derecho, al extranjero no me podía ir porque me tenía que cambiar de carrera, pero me fui lo más lejos posible de mi casa. Estuve en el filial y al año siguiente subí al primer equipo y empecé a hacerme con la portería hasta que ascendimos. Cuando vi que llegaron Misa y Sulli veía muy complicado poder jugar. Me dediqué a aprender de ellas todo lo que pude.
En ese momento, te empezaste a apoyar en la psicología deportiva, ¿qué importancia le das a estar bien mentalmente?
Me salvó Marisol, la psicóloga que tuve ahí, y que fue mi salvavidas porque yo estaba muy mal. Venía de jugarlo todo, de ascender a Primera y veía que todas mis compañeras debutaban y conmigo no contaban. Fue muy duro como deportista vivir esa situación. El Dépor me dio lo mejor y lo peor. Aprendí mucho, pero me costó. Hoy en día me apoyo en la psicología deportiva para aprender y estar un paso por delante de lo que pueda llegar. Para mí es súper importante y es algo que debería haber en todos los equipos igual que hay un fisio o un nutricionista.
Y luego dos temporadas en el Oviedo.
Fui porque quería salir de allí. Cuando ves que ya no vas a tener oportunidades porque eran dos porterazas y son dos porterazas, mira dónde están ahora, pues era obvio que tenía que salir, coger otro camino y fui a Oviedo. Volví a coger confianza después de estar un año casi sin jugar. Fueron dos años muy chulos donde ascendimos, bueno lo de Reto, una cosa extraña que hubo ahí y bien.
Por último, el Eibar, con otro ascenso a Primera.
Por suerte, no tengo ningún descenso en mi carrera, tengo dos ascensos y medio contando lo de Reto. Fue muy duro porque cuando llegué aquí mi primer año no jugué nada hasta la jornada 23, pero ya venía aprendida del Dépor y ese trabajo que tuve ahí me ayudó a aguantar. Al principio, cuesta, pero tengo muy asumido que trabajas para ti misma, que en el contrato te pagan por entrenar, lo de jugar es un extra. Y, me tocó jugar los últimos cinco partidos que eran los decisivos. El proyecto no era para ascender ese año, pero nos vimos en Primera División.
¿Tú ya te empezabas a sentir portera de Primera División?
Pues no. Lo veía muy lejos. Porque ya lo había vivido y me daba vértigo porque además solo jugué cinco partidos. Era como que pasará ahora, pero yo seguí trabajando. Soy muy cabezona y cuando me propongo algo lo suelo conseguir y lo tenía tan cerca que esta vez no se me iba a escapar. De hecho, cuando estaba saliendo por el pasillo a punto de debutar alguna lagrimilla se me cayó.
Y además fuiste la portera revelación de la temporada pasada.
Yo iba para debutar e intentar aguantar lo máximo posible en la portería, pero volvieron a salir las cosas redondas. Yo no me considero ni la mejor ni la peor, simplemente trabajo muchísimo y soy cabezona. Son dos factores que ayudan a conseguir cosas y sí, revelación, pero ya está. Para mí ya pasó, la gente no tiene memoria, el campo no tiene memoria y toca seguir trabajando.
Centrándonos en esta temporada, tuvisteis una mala racha de diez partidos seguidos sin ganar, pero luego victoria ante el Athletic Club, frente al Real Madrid… sois el ‘matagigantes’ de Liga F.
Sí, este equipo es capaz de lo mejor y de lo peor. Estamos en busca del equilibrio. Ahora estamos más centradas, pero cuando estás tanto tiempo sin ganar, cuando ves que todos los de abajo empiezan a puntuar vienen los nervios, pero hemos sabido trabajar bien en eso, no mirar la clasificación porque engaña mucho. Nosotras empezamos ganando dos partidos y estábamos en puestos Champions, pero a partir de ese momento dijimos de no mirar más la clasificación y de poner los pies en el suelo.
Preparando la entrevista me he encontrado con un dato y es que lleváis trece goles menos que a estas alturas la temporada pasada.
No lo sabía la verdad, me acabas de pillar a contrapié. Es trabajo de las tres porteras porque yo también he estado lesionada y no he podido participar. Sí que es cierto que cuando tuvimos esas diez jornadas sin ganar se nos hizo un poco bola, pero el trabajo defensivo se está haciendo bien, y donde sabemos que tenemos que afinar trabajamos para ello y parece que está siendo mejor que la temporada pasada.
¿Cuál crees que es la clave de este Eibar?
La intensidad que ponemos en los partidos. De un año a otro te curte mucho Primera División. Cuando ascendimos éramos las novatillas. Íbamos empatadas en un partido, queríamos marcar el segundo, y de repente, perdías, o ibas ganando y en el último minuto te empataban. Hay cosas que no dominas, los tiempos de los partidos, la presión…cuando jugábamos contra el Barça, que no me tocó jugar, yo estaba como una niña pequeña cumpliendo un sueño, pero esa pantalla del juego la hemos pasado. Tenemos claro que sino encajamos gol es un plus.
Ahora viene el Barça a Ipurua, ¿cómo afrontas el partido?
Son partidos que a mí me gusta jugar, y ese es el mensaje que intentamos transmitir a la plantilla. Tenemos mucho que ganar y poco que perder porque se da a entender que ellas van a ganar siempre, y nosotras no. Todo lo que consigamos de ahí en adelante vendrá bien. Si te haces una parada y te meten tres goles, pues has hecho una parada.
¿Te ves capaz de parar a Aitana, Graham...?
Igual si jugamos con alguna más podemos. Va a ser difícil, pero vamos a intentar ponérselo lo más difícil posible como contra el Real Madrid, lo mismo. Contra los gigantes que no tenemos nada que perder salimos con ese descaro y esas ganas que tenemos y suele salir bien.
Cada año aumenta más la competitividad de Liga F y es gracias a equipos como el Eibar, que con vuestras armas competís contra los grandes.
Sí, si no vas así es peor porque ya supones que vas a perder, pero por lo menos disfrutar el partido, dar la cara y si te meten un gol porque están apretando arriba pues oye te lo han metido, pero el quedarte ahí encerrado tiene a sus riesgos, que a nosotras nos gusta, pero tiene sus riesgos. Con el Barça cuando entra uno ya se complica pararlas, se vienen arriba y se hace un mundo.
¿Qué significa el Eibar para María Miralles?
Es el sitio donde se me ha dado la oportunidad y la confianza para crecer como futbolista y cumplir un gran sueño que tenía.
Es un sitio que apuesta por esa igualdad masculino y femenino, con el estadio de Ipurua, en redes sociales...
Sí, al final compartimos momentos con los chicos, el vestuario o el estadio. No nos intentan hacer de menos en ningún momento. Sí que es cierto que tiene sus limitaciones porque el fútbol femenino sigue creciendo y no se puede equiparar al 100% con los chicos, pero dentro de eso estamos a la par con ellos.
Este año han vuelto a salir los cromos de PANINI, ¿os sentís referentes para las pequeñas?
Sí. El año pasado fue la primera vez que salía en un álbum y fue ilusionante. Soy de ir ese día a comprarlo, y abrir todos los cromos que pueda. Es una ilusión que tengo con 27 años y que ojalá haber tenido antes porque los álbumes de chicos nunca los he hecho. No me gusta ver fútbol masculino porque mi vida es fútbol 24/7 y cuando llego a casa mi cabeza necesita parar. Cuando vas a los campos y ves a las niñas con los cromos me emociona porque parecía que no me iba a llegar y lo he conseguido.
Precisamente, has hablado de parar, ¿cómo desconecta María Miralles?
Estoy preparando unas oposiciones de Justicia, de Gestión Procesal. Entonces es mi escape al fútbol, que es un poco raro, pero estudiando yo desconecto, me centro en lo que me tengo que centrar. Si no, me pongo una serie e intento evadirme un poco, llamar a mi gente, a mi familia y que me bajen un poco los pies al suelo.
También es importante tener un plan B porque el fútbol se va a acabar.
Por suerte, desde que empecé en el fútbol mis padres me decían “no te lo dejes”, y cuando me fui al Dépor me moví de tres universidades diferentes para acabar la carrera y era algo que tenía clarísimo. Tener un plan B porque el día de mañana te pasa cualquier cosa en el fútbol y no tienes nada porque no cobramos como los chicos y no podemos tener ese colchón de dinero. No voy diciendo que tengo una carrera y que estoy estudiando una oposición porque, estoy orgullosa de lo que he conseguido, pero es algo que yo considero normal.
Y ya la última, ¿qué le dirías a esa niña que empezó a jugar al fútbol porque veía a su hermano?
Que lo ha conseguido. Que ha luchado contra viento y marea, que ha superado todos los obstáculos que le han puesto y que lo va a seguir consiguiendo. Voy a apostarlo todo y hasta donde llegue llegaré, pero por lo menos habré disfrutado del camino.